Si Merlina visitara México, seguramente se sentiría como en casa. Después de todo, esta es una tierra que tiene todo lo que a ella le gusta: no le tememos a la muerte, la veneramos. Comemos cosas que para otros podrían resultar extrañas, como gusanos e incluso vísceras. Y tenemos costumbres y formas de divertirnos que, vistas desde fuera, podrían parecer una auténtica tortura: hasta nos damos toques para sentirnos vivos.
Por eso, que México sería el lugar ideal para Merlina no es una suposición. Es un hecho.